Puerta Roja empezó en plena pandemia. Arrancamos trabajando con lencería, probando, aprendiendo y tratando de entender qué buscaba la gente.
Después llegaron los primeros juguetes, los lubricantes, los juegos y las consultas. Y también empezó a pasar algo que para nosotros terminó siendo fundamental: clientes que volvían, nos recomendaban y confiaban en nosotros.
Queríamos que alguien pudiera entrar diciendo “no tengo idea de qué comprar” y sentirse igual de cómodo que quien ya sabe perfectamente qué busca.
Que una pareja pudiera decir “queremos probar algo diferente” sin vergüenza. Y que quien compra desde su casa supiera que del otro lado no hay una página anónima: hay personas reales.
Durante estos 6 años aprendimos muchísimo: sobre productos, sobre atención y, sobre todo, sobre escuchar qué necesita cada persona.
Hoy Puerta Roja tiene local físico, tienda online, atención por WhatsApp y entregas rápidas y discretas. Tenemos cientos de productos y clientes que llegan desde distintos lugares.
Pero a pesar de todo lo que fue creciendo, hay algo que no queremos cambiar: seguir estando del otro lado cuando alguien necesita ayuda para elegir.